lunes, 4 de marzo de 2013

¡Gel, ayúdame! Muere Tony Ronald.




Muere Tony Ronald y descubro en mi  ráfagas de recuerdos confusos, inventados a medias, a medias sentidos.

El vaho de la ducha que llena el baño una o dos veces por semana. Una vez que estás bajo los chorros no está tan mal, pero dura lo que tarda en acabarse el agua del depósito eléctrico enchufado a poca distancia. Apenas lo suficiente para lavarse también el pelo. Gel, ayúdame, me pongo a cantar, inconsciente de que me oyen al otro lado de la puerta. Moussel de Legrain París, como mi padre, o jabón, como mi hermano, el futuro se abre hacia dos caminos bien distintos, y yo, aunque no lo sepa, ya me he decidido por el jabón. Por eso, quizá, me hace gracia la frase y la repito, gel, ayúdame, no pienses solo en ti, ayúdame, porque las cosquillas ya no me hacen gracia y no tengo dónde mirarme. Pero, al rato, cuando ya me estoy secando, y han picado un par de veces a la puerta para saber qué pasa, el gel se ha convertido en Help. No sé quien será ese señor, pero a él también le pido ayuda, porque me acuerdo de que la canción habla de amor y hay una vecina que al pasar me ha pegado un golpe en el brazo. No sé si me gusta, no sé bien lo que es eso, mi sexualidad se limita a mirar las piernas que veo en las escaleras del metro, pero me agrada gustarle a la vecina y necesito que Help me eche una mano. Aquel fracaso, aquel fracaso…en tu amistad he puesto todo mi ser, o será miser. ¡Qué frase tan difícil de entender, ni que estuviese en inglés!

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